LA NOTICIA IMPOSIBLE, de José Ramon Valentines

Avui recuperem un relat del primer recull "Divuit petits grans relats" (Sevilla, 2012). Una bona mostra del que es pot fer amb menys de 2.500 paraules (1.188, per ser exactes).

 

LA NOTICIA IMPOSIBLE

de José Ramon Valentines

 

Estaba ansioso por contar una importante y urgente noticia a mis amigos. Para ello les convoqué a una comida, de éste modo se enterarían todos al mismo tiempo.

Lógicamente yo fui el primero en llegar al restaurante, donde ya tenía reservada una mesa en un pequeño apartado, así podía recibirlos uno por uno. El primero fue Ramón, como siempre. Nos dimos un abrazo y mientras esperábamos al resto de la cuadrilla, me preguntó cual era la importante noticia que tenía que comunicarles.

—Espera que estemos todos reunidos, no seas impaciente —le respondí sonriendo.

Los siguientes en llegar fueron Paco y Franc, que lo hicieron juntos. Después de los saludos, la pregunta esperada: —¿No nos vas a decir que has salido del armario verdad? —dijo Paco entre risas.

—Después os lo digo a todos juntos ¿vale?

Al poco llegó Toni y el último, también como siempre Guillermo.

Nos sentimos y pedimos unas cervezas. Me puse de pie para darles la importante noticia pero en ese momento entró el servicial camarero ofreciendo además de la carta, las recomendaciones del día. Me senté. Comenzaron todos a leerla y cada uno dio su opinión según sus gustos personales, intentando influir como siempre en el de los demás. Me senté. Una vez que habían decidido el ágape, y mientras esperábamos que nos tomaran nota, hice la intención de levantarme nuevamente para hablar, pero... Ramón se me adelantó.

—¿Como va lo tuyo? —preguntó a Paco que había montado una empresa de servicio de limpieza —No del todo mal, aunque la crisis se nota.

Después de unas más que largas e inconvenientes descripciones del motivo de la crisis y cuando ya había respondido sobradamente a su pregunta, quise intervenir, pero justo en ése momento apareció el inoportuno camarero con los primeros platos.

—¡Vayan con cuidado, los platos están muy calientes! —dijo muy amablemente el casi odiado camarero—. ¡Yo sí me estaba quemando!

Como es normal, lo primero que se hace es mirar el plato de los que tienes al lado, hasta que alguien te dice: —“Lo tuyo tiene buena pinta, ya me dejarás probarlo”—. Comenzaron a comer.

—¿Y tú que tienes que decirnos? —me preguntó Guillermo entre plato y plato—. Menos mal pensé, ahora ya puedo explicarles el motivo de éste encuentro. Me dispuse a levantarme pero... Toni, que estaba a mi lado, se interpuso y con su mano derecha en mi brazo, me indicó que me sentara nuevamente.

—Disculpa, solo es un momento, es que, si no lo pregunto ahora, después seguro que no me acuerdo —dirigiéndose a Guillermo— ¿Cómo te fue en aquel viaje de trabajo que hiciste a Dublín?  

Lógicamente todos pusieron atención a sus explicaciones y yo me quedé sin poder responder a Guillermo. ¡Joder, podía haberse perdido en la selva tropical buscando gamusinos! pensé. Al terminar su extensa explicación en la que no faltó ningún detalle, y cuando el nivel de interés descendía, creí que era entonces mi momento. ¡Aleluya!  Puse las manos sobre la mesa para levantarme cuando apareció nuevamente el jodido camarero que, con las cartas de postres en la mano, nos explicaba que había y que no.

—¿Usted que desea? —Mirándome con todo el cinismo del mundo— ¡Nada! ¡Solo hablar! —le solté de muy mala leche.

Me estaba concentrado en todos los muertos de la familia del camarero, cuando alguien dijo en voz alta:  

—¡Ahora me toca a mí! —poniéndose de pie—. Yo también tengo algo importante que deciros.

Joder, ahora se me había adelantado Franc. ¿Por que decía ahora le tocaba a él?  Yo no había tenido la mínima oportunidad. Que desvergüenza tan grande.

—¡Cierro la barraca! —¿Que quieres decir con eso? le preguntaron los demás— Hace una semana que me he separado de Lucía.

Una declaración como esa, suscitaba preguntas: —¿Como puede ser? ¿Por qué? ¿Estás de broma? ¿Nos tomas el pelo?—. Y alguno... —Con lo buena que está—  El único que no dijo nada fui yo. ¿Por que tenía que decirlo ahora? El muy cabrón. Me eché sobre el respaldo como un sufrido espectador, estaba empezando a rendirme. Lógicamente Franc, dio todo tipo de explicaciones de por que Lucía era, como siempre, la mala.

De aquí no paso, ésta vez sí que me vais a escuchar por mis cojones. Golpeé varias veces y con cierta energía la copa con el cuchillo para buscar su interés. ¡Tinn, Tinn, Tinn! Me puse de pie y todos me miraron extrañados como diciendo... ¡Que coño quiere éste ahora!

—¡Voy a deciros el importante motivo de haberos reunido hoy aquí! —Todos se acomodaron mirándome con caras de gran interés. En ese justo momento el hijo de puta del camarero trajo los cafés y botellas para quien quisiera copas. Me quedé de pié para que nadie más se interpusiera. Él, insistió: —¿Desean tomar alguna copa?— ¡Déjelas todas! Fui tan enérgico con mi voz y mi cara tan expresiva, que mirándonos a los ojos como en un duelo, dejó junto a la mesa el carrito con las botellas.

—¡Escuchadme todos...!

¡Patapilinnn, patapilinnn, patapilinnn! Era el móvil de Ramón.

—¡Sí, dime, un momento...! ¿Me perdonáis verdad? —Se levantó y salió a la calle.

Ahora que los tenía a todos pendientes de mí, suena un jodido móvil. Entonces, como si no se pudiera aguantar, Paco se levantó, —Aprovecho yo también, que tengo que hacer una llamada.

—Voy al lavabo, ahora vengo —Ahora era Guillermo el que desaparecía.

—¿Tú no tiene nada que hacer? —dije de mala gana a Toni.

—¡Como te pones chico, estás un poco nervioso ¿no?—. Se levantó y fue hacia la barra a buscar un diario.

Allí estaba yo, solo como un idiota con los brazos cruzados. Sorbía poco a poco mi copa de coñac mientras se iban incorporando lentamente a sus respectivos puestos. Me levanté de nuevo, pesadamente y ya sin ganas, entonces entró Ramón.

—Disculpadme pero tengo que salir pitando —recogió sus pertenencias y me dijo: ¡Seguro que no es muy importante lo que nos tenía que decir, ya me llamarás—.  Levantó la mano y se despidió de todos con un: ¡Chao!

Paco y Fran se levantaron juntos —Nosotros también nos vamos, se nos ha echado la hora encima. Mándame un Mail—, dijo Franc mirándome.

—Toni se levantó y me dijo: —Creo que hoy no estás de muy buen humor, llámame.

Solo quedaba Guillermo que me apuntó: —Creo que nos hemos quedado solos y ahora no es el mejor momento de decir nada, por que no estamos todos, ¿no te parece? bueno ya nos llamaremos.

Allí me quedé, como un gilipollas. El camarero al ver la descampada se acercó a mí con la factura en una bandeja. Parecía Hannibal Lechter. Para eso sí que estaba el muy...

Mientras firmaba la nota con la tarjeta de crédito, de pronto apareció por la puerta Franc. Creo que se me iluminó la cara, por fin alguien había entendido el motivo de la reunión. Por lo menos uno de ellos tenía interés por conocer la importante noticia que tenía que dar. Era al fin feliz. Se acercó a la mesa y me dijo:

—¿Aún éstas aquí? menos mal, me había olvidado el tabaco. Adiós.

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